Universidad Estatal de MilanoUn estudio revela cómo el cerebro aprende el altruismo observando a los demás.

Un estudio realizado por la Universidad Estatal de Milano Un artículo publicado en Nature Neuroscience revela cómo el cerebro aprende el altruismo y la cooperación observando a los demás.

¿Por qué algunas personas están más inclinadas a la cooperación y al compartir, mientras que otras tienden a un comportamiento más individualista? Un nuevo estudio coordinado por la Universidad Estatal de Milano Esto abre un escenario sorprendente: la propensión al altruismo podría ser moldeada por el cerebro a través de la observación de las experiencias de los demás. El estudio, publicado en la prestigiosa revista Nature NeuroscienceTambién identifica al hipocampo como uno de los principales mecanismos neuronales que guían la aparición de comportamientos sociales.

Este descubrimiento ofrece una perspectiva novedosa sobre cómo los seres vivos aprenden no solo a partir de sus propias experiencias directas, sino también observando a los demás. Este proceso podría tener importantes implicaciones para la comprensión de la empatía, la cooperación e incluso algunas enfermedades neurológicas.

El altruismo puede ser un comportamiento aprendido.

La investigación fue coordinada por investigadores del Departamento de Ciencias Farmacológicas y Biomoleculares “Rodolfo Paoletti” de la Universidad Estatal de Milano, en colaboración con el Instituto de Neurociencia del CNR, el IRCCS Istituto Clinico Humanitas y la Université Côte d'Azur.

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Según los resultados, la cooperación y el compartir no son rasgos exclusivamente innatos , sino que podrían desarrollarse a través de procesos de aprendizaje social.

En los modelos experimentales utilizados por los investigadores, los individuos pudieron aprender rápidamente la relación entre acciones y consecuencias simplemente observando a otros sujetos, sin necesidad de tener una experiencia directa.

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Lo más interesante es que este mecanismo se activa no solo en situaciones de riesgo o peligro —un fenómeno ya observado en el pasado— sino también en presencia de experiencias positivas.

Esto sugiere que el cerebro tiene una capacidad mucho más sofisticada para procesar la dinámica social de lo que se creía anteriormente.

No se trata de imitar, sino de comprender las consecuencias.

El estudio cuestiona una creencia muy arraigada: observar no significa simplemente copiar el comportamiento de los demás.

De hecho, los observadores no se limitan a replicar lo que ven. Son capaces, en cambio, de comprender la conexión entre acciones y consecuencias, adaptando su comportamiento incluso cuando el contexto cambia.

Según los investigadores, esto indica una forma más compleja y avanzada de aprendizaje social, basada en la construcción de asociaciones entre acciones y beneficios que pueden obtener otros individuos.

Una capacidad que podría representar una de las bases neurobiológicas de la cooperación humana.

El papel clave del hipocampo

Entre los aspectos centrales del estudio se encuentra el papel del hipocampo, una estructura cerebral tradicionalmente asociada con la memoria y la orientación espacial.

Los investigadores identificaron un área en particular, denominada región dorsal dCA1, que resultó ser esencial en el proceso de aprendizaje social.

Cuando se altera la actividad en esta área durante la fase de observación, la capacidad de aprender comportamientos sociales disminuye significativamente.

Un hallazgo importante es que esta modificación no compromete otras funciones fundamentales como la memoria general o las habilidades motoras, lo que sugiere un papel muy específico de dCA1 en la construcción de conductas prosociales.

¿Por qué algunos se vuelven más altruistas y otros más egoístas?

Otro elemento que surgió de la investigación tiene que ver con la gran variabilidad individual.

Partiendo de la misma experiencia observada, algunos individuos desarrollan comportamientos más orientados a compartir, mientras que otros tienden a tomar decisiones más egoístas.

La diferencia parece surgir ya en la fase inicial de la observación, a través de diferentes modos de activación neuronal del hipocampo.

En otras palabras, el cerebro interpreta la misma experiencia de diferentes maneras, influyendo en el comportamiento futuro.

¿Es posible cambiar la propensión a cooperar?

Uno de los aspectos más sorprendentes tiene que ver con la plasticidad del proceso.

El estudio destaca que, al intervenir en la actividad de dCA1, es posible modificar las decisiones posteriores de los individuos, haciéndolos más propensos a compartir o más orientados hacia actitudes egoístas.

Este resultado plantea interrogantes importantes sobre cómo funcionan las dinámicas sociales y sus posibles aplicaciones futuras.

Las posibles implicaciones para la neurociencia y la medicina.

Según Diego Scheggia, autor principal del estudio:

“Estos hallazgos demuestran que el cerebro no solo registra lo que observa, sino que interpreta activamente las experiencias sociales, construyendo representaciones flexibles que guían el comportamiento futuro.”

Las implicaciones podrían ser de gran alcance. Comprender cómo el cerebro desarrolla la capacidad de aprender de los demás podría ofrecer nuevas perspectivas para el estudio de la empatía, la cooperación y los trastornos en los que el aprendizaje social se ve afectado.

El estudio también podría ayudar a comprender fenómenos relacionados con el envejecimiento y las enfermedades neurodegenerativas, abriendo nuevas perspectivas en futuras investigaciones en neurociencia.

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