Los niños son bondadosos por instinto: el estudio de MilanoLa investigación de Bicocca, publicada en Nature Human Behavior, revoluciona la investigación sobre la prosocialidad.
Estudio Milano-Bicocca, en un artículo publicado en Nature Human Behavior, demuestra que la bondad en los niños surge de la intuición y se vuelve cada vez más consciente a medida que crecen.
Un estudio internacional realizado con 537 niños de entre 3 y 10 años demuestra que la amabilidad surge de forma espontánea y se vuelve cada vez más consciente a medida que crecen.
MILÁN, 16 de julio de 2026 – Los niños parecen estar Amable por naturaleza mucho antes de ser amable por elección.Esto es lo que se desprende de un importante estudio coordinado por elUniversidad de Milano-BicocaEn asociación con London School of Economics, el Universidad de Stavanger e Universidad del Noroeste, publicado en la prestigiosa revista científica Comportamiento humano de la naturaleza con el titulo Intuición estable y el surgimiento de la prosocialidad deliberativa en la infancia..
Las investigaciones aportan nuevas e importantes evidencias sobre el desarrollo de la prosocialidad infantil , demostrando que, en los primeros años de vida, la tendencia a ayudar a los demás, cooperar y comportarse con honestidad surge principalmente de un impulso espontáneo e intuitivo. Sin embargo, a medida que los niños crecen, esta predisposición no desaparece, sino que se integra progresivamente en procesos de toma de decisiones más reflexivos e informados.
En el estudio participaron 537 niños italianos de entre 3 y 10 años.
Para comprender cómo se desarrollan las conductas prosociales durante la infancia, los investigadores involucraron a 537 niños italianos de entre 3 y 10 años , sometiéndolos a una serie de experimentos inspirados en los principales paradigmas de la economía conductual.
Cada participante fue asignado aleatoriamente a una de dos condiciones experimentales:
- presión de tiempo, en el que tuvo que tomar una decisión dentro segundos 10, promoviendo respuestas intuitivas;
- retardo de tiempo, en la que se vio obligado a esperar al menos segundos 10 antes de decidir, fomentando una elección más meditada.
Este enfoque permitió a los investigadores comparar el comportamiento espontáneo y el deliberado entre diferentes grupos de edad.
De la cooperación a la honestidad: los juegos utilizados en el estudio
Los niños participaron en cinco pruebas diferentes, todas basadas en modelos famosos de psicología y economía experimental:
- Juego de interés público, dedicada a la cooperación;
- Juego del dictadorpara evaluar el altruismo y el compartir;
- Juego del ultimátum, relacionado con el sentido de la justicia;
- Juego de engaño, que mide la propensión a la honestidad;
- dos escenarios inspirados en el famoso el dilema del tranvía, utilizado para observar el razonamiento moral.
En total, cada niño tuvo que tomar 19 decisiones diferentes , todas relacionadas con la distribución de dulces o caramelos.
Entre las opciones solicitadas se encontraban:
- decidir cuántos caramelos compartir con los demás niños;
- ofrecer dulces a un desconocido sin posibilidad de recibir nada a cambio;
- aceptar o rechazar una división considerada injusta;
- elegir si mentir cuando mentir habría garantizado una ventaja personal;
- Evaluar dilemas morales difíciles en los que una decisión favorecería a algunos niños sobre otros.
Los participantes en los juegos eran en realidad personajes ficticios, aunque estaban convencidos de que interactuaban con niños reales.
Los pequeños siguen el instinto de la bondad.
El resultado más significativo se refiere a la relación entre la edad y los métodos de toma de decisiones.
Secondo Elena Nava, investigadora en Psicología del Desarrollo y Educativa en la Universidad de Milano-Bicocca y coordinador del estudio:
El principal hallazgo fue que la conducta prosocial se manifiesta con mayor intensidad en los niños pequeños cuando toman decisiones rápidas e intuitivas. Sin embargo, con la edad, la conducta prosocial deliberativa aumenta: los niños mayores no solo son instintivamente prosociales, sino que cada vez integran más la cooperación, el altruismo y la honestidad en sus procesos reflexivos.
En otras palabras, los niños de tres años tienen muchas más probabilidades de ayudar a los demás cuando responden instintivamente que cuando se ven obligados a pensar antes de tomar una decisión.
Esta ventaja intuitiva representa una de las principales novedades surgidas de la investigación.
La amabilidad no disminuye: lo que cambia es la forma en que la expresamos.
El estudio refuta tanto la idea de que los niños son simplemente "buenos por naturaleza" como la idea opuesta de que aprenden a ser buenos exclusivamente a través de la educación.
Como subraya además Elena Nava:
"Crecer no significa necesariamente abandonar la intuición social, sino más bien aprender a transformarla en una elección más consciente."
En todo el rango de edad observado, entre los 3 y los 10 años, el componente intuitivo de la prosocialidad se mantiene sorprendentemente estable.
Lo que evoluciona por encima de todo es la prosocialidad deliberativa , es decir, la capacidad de reflexionar conscientemente sobre las conductas altruistas hasta que sean coherentes con los propios impulsos espontáneos.
Una nueva perspectiva sobre el desarrollo de la prosocialidad
Los autores destacan cómo esta investigación cambia profundamente la forma en que interpretamos el desarrollo moral en la infancia.
No se trata simplemente de demostrar que los niños pueden ser altruistas, cooperativos u honestos, sino de observar cómo estos diferentes comportamientos comienzan gradualmente a constituir una única dimensión psicológica.
Según los investigadores, esta dimensión nace apoyada principalmente por la intuición y posteriormente se refuerza mediante la reflexión consciente.
Implicaciones para la escuela, la educación y el desarrollo social.
El estudio también abre nuevas perspectivas para el mundo de la educación.
Si los niños ya poseen una predisposición natural hacia el comportamiento prosocial en sus primeros años, el papel de la escuela y la familia puede no ser el de construir la moralidad desde cero, sino más bien el de apoyar estas inclinaciones espontáneas, transformándolas en habilidades estables y transferibles a través de las diversas situaciones de la vida.
El objetivo educativo sería, por lo tanto, ayudar a los niños a reconocer y consolidar esa tendencia natural hacia la cooperación, el altruismo y la honestidad, para que siga guiando sus decisiones incluso cuando tengan tiempo para reflexionar.
Esta investigación representa, por tanto, una importante contribución a la ciencia del desarrollo, ya que ofrece nuevas bases científicas para comprender cómo surgen y maduran algunos de los comportamientos sociales fundamentales en el crecimiento de cada individuo.
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